Aquí va un breve relato erótico que he escrito. Me gustaría incluir a partir de ahora algunos relatos, para que no sea todo... ¿Cómo era? ¿ego-blog? Espero que os guste, ya me decís.
LA INSOPORTABLE GRAVEDAD DEL ESTAR
Humedad. Vapor. Oscuridad. El ambiente es un inmenso vientre materno, oscuro, cálido y, por alguna extraña razón, acogedor. Me apoyo en una pared, y la acolchada película de humedad que sobre la superficie se eleva me invade rápidamente. Me cuesta respirar. La pared está fría y sin embargo el calor me asfixia. De algunos poros supurantes de azulejo finísimos chorros de un agua tibia se deslizan hasta alcanzar mi piel. La piedra es mi cuerpo, parece lata, con su corazón de sexo empapándolo todo. No puedo ver apenas más allá de mis manos. Quizás una luz tenue, a lo lejos. No identifico qué es. De vez en cuando una silueta se dibuja levemente, a tras luz de la siguiente estancia, entre la nebulosa. Toco la pared, siento la vida queriendo salir de ella. Cierro los ojos. En cualquier caso no veo. Siento mi corazón latiendo con fuerza, con tanta, que las gotas de mi sudor caen con pequeñas compulsiones. Inspiro. Necesito aire. Inspiro profundamente y de pronto siento que la sauna completa, con sus esquinas invisibles, su oscuridad disipando los límites, los cuerpos lascivos y sudorosos, todo lo que esa corrupción que se siente nada más entrar, penetra en mi cuerpo, en mis pulmones, en mi sangre y la excitación sacude cuerpo. Parece que el tiempo se ha detenido. Quizás el mundo se evaporó y sólo quedo yo en esa esquina oscura. No hay mundo, sólo vapor, sólo humedad, sólo sexo.
Camino por un pasillo. Luces diminutas, como estrellas mínimas, tintinean formando un camino en la negrura del espacio. No sé a dónde me llevan. ¿Acaso importa? Ahora mismo no, ahora que no sé dónde están las paredes, ni el techo, que no veo ni mis ojos. Sólo lo continuo. Tengo que moverme hacia donde sea, pero moverme. Entonces siento un cuerpo. No lo veo, no lo escucho, sólo lo siento. Se acerca a mí. Siento su desnudez como un abrazo infinito. Parece que toda una vida hubiera tenido su tacto en mi pecho, pero no es posible, no me toca. Se detiene. Yo también. Mi mente imagina un cuerpo, un rostro una sonrisa. No hay tiempo. Su respiración ha quebrado violentamente ese silencio temeroso entre nosotros. Jadea. Yo también lo hago. No se mueve. Yo tampoco. De pronto el tacto, su tacto, estalla en mi abdomen. Suda como yo, y yo tiemblo además. Es delicado, suave, lento. Jadeo yo. No domino su mano y eso me excita todavía más. Sube por mi pecho. Un pezón y se detiene, como un animal hambriento que oye en algún lugar respirar a una presa segura. Lo acaricia suavemente. Siento deseos de abrazarme a él. No lo conozco, es absurdo, pero en ese momento sólo existimos él y yo en el mundo. Sólo él y yo. No existe el espacio, no existe la luz, sólo su mano ascendiendo por mi cuello. Me arde. Me tiene. Mi corazón late compulsivamente, va a estallar. No importa. Sólo le pido que aguante un poco más, sólo unos segundo. Late, todavía late, ya morirás después. De pronto se detiene y yo quiero morirme. Se separa de mí. No lo veo, tengo pánico por no encontrarlo más. Pero su mano agarra la mía y me empuja a seguirle. Lo hago ciegamente, le sigo, donde él diga.
Le sigo, cogido de la mano. Con la otra sujeto la toalla que apenas da, envuelta en mi cintura, para soporta la fuerza de mi erección. Otros cuerpos se giran. Ahora hay más luz. Siento que me observan y luego se pierden las miradas. Subimos escaleras, creo. Dos personas se besan en algún lugar de la estancia en la que acabamos de entrar. Siento sus besos apsionados en la lejanía. No suenan pero los siento. Vapor, más vapor. Humedad, más humedad. Siento calor, me vuelve a faltar el aire. Camino por habitaciones, túneles, bajo unas escaleras. Me dejo llevar, poseído, como si hubiese caído en una cama que me absorve irremediablemente atrapándome en unas sábanas empapadas que me entierran. Llegamos a un sonido de agua. Esto debe ser el Jacuzzi. Aquí más luz y, por primera vez, veo a mi acompañante. Es un chico joven, alto y parece guapo. Poco a poco, la tenue luz comienza a dibujar su rostro, con una paleta de colores estivales. Tiene los ojos profundos. Quizás azules, pues percibo un temblor en el lugar donde deberían estar sus pupilas. Todavía no le distingo, no hay suficiente luz, pero ya es como si le conociese toda la vida. Sonríe. Sus movimientos son elegantes, precisos. No es la primera vez que entra en la sauna. Su cuerpo se hunde en el agua lentamente. Imagino un suicidio en el mar, imagino su cuerpo, bien formado, relleno de piedras. Imagino que se hunde y deja su vida en ese breve mar circular en cuyas cercanas orillas, cuerpos semihundidos se miran y se buscan. Él ya está sentado en un lateral. Me llama con un gesto. ¿Sólo lo he sentido yo? Es posible. Voy. Penetro en el mar. El agua burbujeante asciende por mis piernas, luego la rodilla el muslo. La sangre también asciende, y va ocupando mi pene. Éste asciende lentamente. El agua está caliente, y se sulfura al contacto con el aire. Las pompas estallan en la superficie y salpican los testículos. Camino lentamente. Entonces una boca de mar, cálida, profunda, excitante, me traga, me absorve y voy perdido al fondo de ese océano.
Me siento a su lado. Silencio. Los rostros se mueven lentamente a mi alrededor. Se mira, se buscan, se desean. Yo toco la pierna del chico. Se mueve como rama retorciéndose. Ahora su mano en mi pecho denuevo. El agua del Jacuzzi escala por nuestros cuerpos, anticipa la tormenta y participa en ella. Su mano camina nerviosa, como una araña, no me toca su palma, sólo los dedos buscan un camino y cada vez que se posa, un aguja de placer atraviesa mi piel. Mi mano en su abdomen. Perfecto, tiene un cuerpo perfecto, no puedo imaginarlo mejor porque no puedo imaginar nada fuera de ese momento. Respira bajo mi mano, y su sangre parece querer salir. La imagino como cuchilla rasgando la carne, pues mi palma desciende por su pubis y siente el sonido de su latido. Se retuerce. De pronto me agarra el pene. Súbito. Un espasmo sacude mi cuerpo y siento que el agua se ha desecho y mi centro ahora es su mano. Le busco con la mía. Erecta, absoluta magnífica, asciendo por ella. El glande no aguantará entre mis dedos, parece que se asfixia y quiere huir pero lo domino. Jadea, jadea con fuerza y gira su cabeza hacia mí. Está a mí lado, quizás dentro de mí. Suspira, gime, respira en mi oído. Siento caos y algo en mí que desea reventar, su mano tiene mi pene, ahora la otra agarra los testículos. No puedo, me retuerzo, me caigo y vuelvo. Su saliva se esparce en todo mi cuerpo sin tocarme. No hay dos corazones, ahora hay uno, se agrieta, no aguanta. El vapor vuelve, el agua, los rostros, los gemidos lejanos, esperma en el ambiente flota y nos humedece a todos. Calor, saliva cálida se desliza por mis dedos y su cuerpo está roto, sin huesos, sólo contracciones, enlentece su respiración.
El silencio vuelve a la sauna.